miércoles, 25 de marzo de 2015

Jabón con inclusiones. Cuando fotos y jabón son un regalo

En un blog sobre jabones, las fotos son muy importantes, puede que no lo más importante, pero cuando se trata de mostrar el trabajo que has realizado, unas fotos pintonas ayudan y mucho. La fotografía no es lo mío, me gusta, mucho, pero creo que a estas alturas ya ha quedado claro que no es lo mío :(. Pero soy una chica con suerte y en esta ocasión me ha venido a ver a casa, así como lo cuento. Y es que hace unos días, María me regaló unas fotos preciosas, pero preciosas, de mis jabones.




María tiene 17 años y le encanta la fotografía. No hay nada tan gratificante como dedicarse a algo que nos apasiona. A veces la veo a través de la ventana, perdida en su jardín, cámara en mano, en esa actitud en la que el tiempo no existe, abstraída, buscando, esperando capturar el instante perfecto. Es un placer contemplar a quien está haciendo algo que le entusiasma.


La prueba de lo mucho que visten unas buenas fotos, y éstas lo son, es que la técnica decorativa que empleé en estos jabones, que aquí se ven de lo más resultones, es una de las más sencillas. El procedimiento es tan simple como añadir trocitos de algún jabón anterior a la masa de otro nuevo. Este método se suele emplear para aprovechar pequeños restos de jabón y es que, si algo nos caracteriza a los jaboneros, en general es que no tiramos nada. En este jabón en concreto, utilicé trozos de uno de chocolate que, no sé muy bien por qué razón, se me había resquebrajado al partirlo.


No lo he comentado con anterioridad, pero el tema de los colorantes es peliagudo, porque no siempre se obtienen los colores que uno espera. Así que cuando compro un color nuevo, si tengo tiempo, si me viene bien y si me acuerdo, hago una especie de prueba de color. Utilizo una receta sencilla y la coloreo a ver qué pasa. Podría utilizar estas pruebas con total normalidad, pero también se pueden hacer cachitos y usar para decorar un jabón. Este jabón blanco y azul me gusta especialmente, me parece un jabón de bebé :). Una cosa, ¿veis en las fotos cómo los trozos se han precipitado en su mayoría al fondo? Podría deciros que era el efecto que perseguía, dejar una parte superior blanca y las notas de color abajo, pero la verdad es que se hundieron porque el jabón pesa y si no dejas la traza bastante espesita, esto es lo que sucede... De todos modos el resultado final no me disgusta en absoluto ;).




Estas no son las únicas fotos que me regaló María, pero el resto me las guardo para futuras entradas ;). No sabéis el gusto que me da poder tener este tesoro guardado en mi alacena. ¡Muchas gracias, María!

lunes, 16 de marzo de 2015

Mi amiga Ana (primera alacenada)

Mi amiga Ana tiene un blog, ese sobre libros que aparece recomendado a la derecha de la pantalla. No es un blog sobre libros al uso, uno de esos que habla sobre lecturas como quien habla del tiempo. El blog de Ana es apasionado, honesto, visceral, el blog de Ana es como Ana. Quizás no sea un blog para todos los públicos porque Ana cuenta lo que lee desde las tripas, no filtra, porque sólo es fiel a sí misma. A mí me gusta, no, a mí me encanta, soy adicta a su forma de contar. Gracias a Ana y a su blog he descubierto libros que se han convertido en refugio, libros a los que volver cuando la vida se pone patas arriba, ese tipo de lecturas que pasan a formar parte de ti y de tu imaginario personal.

Ana, Ana Blasfuemia, de tanto en tanto, aparca el tema de los libros y nos regala escritos sobre ella, nos permite mirar un poco más adentro, eso teniendo en cuenta que cuando comparte lecturas también se comparte un poco, o un mucho, la verdad. Cuando escribe así denomina sus entradas blasfuemiadas, cosas suyas, de Ana Blasfuemia, personales e intransferibles.

Este blog es de jabones, pero paralelamente a la incursión en este mundo y a la adicción a esta actividad, me han sucedido cosas que me apetece recoger, no sé si tanto por compartir, puesto que no tengo muy claro que puedan interesar a alguien más que a mí misma, como por registrar, por almacenar (buenos momentos que almacenar contra las tormentas venideras). Así el blog hará honor a lo que se suele decir de los blogs, que en el fondo son sólo una vía para dar rienda suelta a nuestro afán de exhibicionismo...

Como no tengo mucha imaginación, por una parte, y por otra quiero rendir un pequeño homenaje a mi amiga Ana, voy a crear la etiqueta de "alacenadas", si sé cómo hacerlo ;), para recoger esos escritos que dejan a un lado el tema principal, aunque ahora no único, de este blog, los jabones.

Ana me ayudó a construir este espacio que sin su colaboración y su respaldo no habría sido posible. No puedo más que estar agradecida, por eso y por muchas cosas más. Así que gracias, Ana, catadora de libros.


jueves, 12 de marzo de 2015

Un poco de teoría

Tras escribir mi última entrada y después del cariñoso tirón de orejas de mi amiga Gema, me he dado cuenta de que utilizo varios conceptos que, a un profano en la materia, pueden sonarle por completo a chino. El jabón, como cualquier otra actividad, tiene su propio lenguaje y su propia terminología. En principio no pensaba publicar en el blog explicaciones teóricas porque teoría hay mucha, muy buena y muy bien escrita, pero por otra parte me gustaría que las personas ajenas a este mundillo que se dejen caer por aquí, puedan encontrar la información necesaria para hacerse una idea de lo que les cuento, sin tener que ir a buscarla vaya usted a saber dónde ;). Así que voy a hablaros un poco sobre el proceso de elaboración del jabón y a intentar explicar los conceptos más importantes para que, aquellos que sintáis curiosidad, tengáis la información más a mano. Más adelante, para quien quiera profundizar más, dedicaré una entrada a enlazar aquellas páginas que a mí me parecen más interesantes. Empezaré por detallar todo lo necesario para comenzar a hacer jabón.

INGREDIENTES

        - AGUA, tiene que ser destilada.
        - SOSA, o lo que es lo mismo, hidróxido de sodio (NaOH), que tendrá que tener una pureza mínima del 98% por ciento. Esta información debe aparecer en la etiqueta, si no la encontráis, desconfiad. Os lo digo por experiencia, es muy doloroso tener que deshacerse de un montón de ingredientes estupendos porque has utilizado una sosa de mala calidad y el jabón no termina de cuajar.
         - GRASA, es decir, aceites o mantecas. Imprescindible el aceite de oliva, seguido por el de coco que nos proporciona espuma y dureza. A partir de ahí, todo depende de nuestro presupuesto, nuestra imaginación y las cualidades que queramos aportarle a nuestro jabón porque, en buena medida, dependerán de la combinación de aceites que utilicemos en nuestra receta.

     
         - ADITIVOS, uf, en este apartado sí que se puede decir que la imaginación al poder porque los ingredientes que se le pueden añadir a un jabón son tantos y tan variados que podría tirarme aquí hasta mañana enumerándolos. Pero diré unos cuantos para que os hagáis una idea. Podemos empezar por el agua que puede ser sustituida por otros líquidos como infusiones, leche, cerveza o vino. Eso para empezar porque después el jabón admite cosas tan dispares como las arcillas, la fruta (plátano y aguacate), la verdura (pepino, zanahoria y calabaza), el aloe vera, las semillas de amapola, la avena, la cera de abeja, la miel, la sal, las algas, la seda... ¿A que parece increíble? Si ya lo digo yo, todo un mundo...

MATERIAL

El material que utilicemos para hacer jabón es conveniente que se dedique exclusivamente a esta actividad, sobre todo si se trata de materiales como el plástico o la madera que, por mucho que los laves, conservan siempre olores y a saber qué cosas más. Lo mismo pasa con la batidora, las hay muy baratitas en el mercado y nos aseguramos de que ninguna partícula no deseada acabe en el puré de los niños ;).

Los utensilios podrán ser de plástico, cristal resistente al calor, madera o acero inoxidable. ¡Ojo!, no son aptos para esta actividad ni el aluminio, ni el cobre (aunque no es que sea muy normal encontrar cacharros de cobre en las cocinas de hoy en día) ni esas cazuelas con revestimiento de teflón.

Es imprescindible contar con una báscula digital de cocina para pesar los ingredientes porque, en este caso, lo de gramo arriba gramo abajo no vale.


Los moldes pueden ser de muchas clases. Podemos empezar utilizando tarros vacíos de yogur o flan, quedan unos jabones muy curiosos y nos ahorramos hacer desembolsos innecesarios. Es conveniente untarlos de aceite antes de echar el jabón para que no se pegue. También son muy prácticos los moldes de silicona, pero siempre y cuando no vayamos a utilizarlos después para repostería. Tanto las tarrinas de yogur como los moldes de silicona, si nos dan guerra al desmoldarlos, los podemos meter un par de horas en el congelador, lo que nos facilitará enormemente la tarea. Una vez que ya estemos iniciados y enganchados, estará bien hacerse con un buen molde de madera, por ejemplo. Este último es necesario forrarlo con papel de horno para poder desmoldar el jabón sin problemas.


También es fundamental un buen rollo de papel de cocina para eliminar en lo posible todos los restos de jabón que queden en nuestro instrumental antes de proceder a su limpieza. Así evitaremos que esa masa que todavía no es jabón, sino agua, sosa y grasa emulsionada, por así decirlo, acabe en nuestros ríos. El jabón es mucho más respetuoso con el medio ambiente que cualquier detergente, gel o champú comercial, pero, hasta después de un mes, esa mezcla no es jabón ¿vale?

MEDIDAS DE SEGURIDAD

        - TRANQUILIDAD, parecerá una tontería, pero ésta es la primera medida de seguridad a tener en cuenta. Para hacer jabón no vale cualquier momento. Debemos escoger un momento tranquilo, en el que nada ni nadie nos vaya a distraer. Eso evitará que nos precipitemos, que nos distraigamos, y ayudará a que disfrutemos mucho más de la experiencia.
        - ORGANIZACIÓN, tampoco es broma. Ayuda, y mucho, tener todo dispuesto antes de ponernos a trabajar, sobre todo, antes de empezar a batir el jabón. Todo aquello que no vayamos a utilizar, recogido; encimera, despejada; aromas, colorantes y sobreengrasado, listos; utensilios necesarios para la decoración, a mano y, por supuesto, el molde bien forrado y cerquita. No os quiero ni contar lo que pasa cuando ya has empezado a batir la mezcla, cuando has alcanzado ese punto deseado que es la traza y te das cuenta de que te has olvidado de preparar el aroma de tu jabón. Y eso no sería tan importante, porque al fin y al cabo tendrías un jabón estupendo, sin olor, pero estupendo igualmente, pero no os digo nada si lo que se te ha olvidado es el sobrengrasado, ese ya es otro cantar...

Hasta aquí las medidas de seguridad que deberéis poner de vuestra parte. Ahora las que podéis comprar en cualquier droguería ;).

        - GAFAS, por si al mezclar la sosa con el agua o al batir el jabón tuviésemos la mala suerte de que nos salpicara a los ojos.
        - GUANTES, cuando el jabón está recién hecho es irritante con nuestra piel y si además tenéis alguna heridita en las manos..., escuece un montón. Para que no acabemos con las manos hechas una pena, mucho mejor ponerse unos guantes de goma o de latex.
        - DELANTAL, o ropa vieja que no importe que se manche.
        - MASCARILLA, porque en el momento de disolver la sosa en el agua, se liberan gases tóxicos, por lo que este paso deberemos hacerlo en un lugar bien ventilado. Yo suelo hacerlo en la cocina, bajo la campana extractora a la máxima potencia, eso es suficiente.
        - VINAGRE, si nos cayera algo de sosa en la piel, el vinagre la neutralizaría.

Vamos a trabajar con sosa y a la sosa no hay que tenerle miedo, pero sí respeto. Simplemente con un poco de sentido común evitaremos tener disgustos.



PRINCIPALES TÉRMINOS

        - SAPONIFICACIÓN, es el proceso químico por el cual una grasa, al unirse con la sosa disuelta en agua, se convierte en jabón. En este proceso se obtiene otro producto, la glicerina. Por lo que, ya sabéis, todos los jabones artesanos contienen glicerina.
        - LEJÍA, ese nombre se usa para denominar la mezcla de agua y sosa. No tiene nada que ver con la lejía que se utiliza para limpiar.
        - TRAZA, es el punto en el que el jabón presenta la consistencia suficiente como para que, si trazamos en él un círculo con la batidora, se quede ligeramente marcado. Vendría a ser similar al punto de unas natillas espesitas. El problema es que, con esa densidad, nos resultaría imposible realizar decoraciones en nuestros jabones. Por esta razón, lo normal es que no dejemos que el jabón alcance la traza para que, al estar un poco menos espeso, podamos trabajar con él. Y ese punto es muy puñetero, ni mucho ni poco, ni una cosa ni la otra...
        - SOBREENGRASADO (SE), cuando elaboramos un jabón cosmético, lo normal es que busquemos que sea suave con nuestra piel, que no reseque. Si al formular la receta utilizamos la cantidad de sosa necesaria para saponificar toda la grasa, el resultado será una pastilla de jabón demasiado limpiadora. Nos interesa que parte de los aceites que empleamos queden sin saponificar para que luego nos hidraten al lavarnos. Esa parte de aceite de más que añadimos a la composición es el sobreengrasado. Ese exceso de aceite también nos garantizará que no quede nada de sosa libre en el resultado final. Por norma general, solemos reservar para el sobreengrasado aquellos aceites de mayor calidad, con mayores cualidades para el cuidado de la piel. Añadiremos el sobreengrasado al final del proceso, cuando hayamos alcanzado la traza, para asegurarnos en lo posible que sean los que no saponifiquen.
Esto cuando hablamos de jabón cosmético porque, en el caso del jabón de fregar, sería al contrario. En el conocido como el jabón de la abuela se utiliza un sobreengrasado negativo, es decir, se añade más sosa de la necesaria para garantizar que no queda aceite sin saponificar. El sobreengrasado se expresa en tantos por ciento, por ejemplo, lo normal es que una pastilla de jabón para uso personal tenga alrededor de un 8% de sobreengrasado y, sin embargo, el jabón de fregar puede llegar a tener hasta un -25% de sobreengrasado.
        - GELIFICACIÓN, esta se produce si durante el proceso de saponificación, el jabón alcanza la temperatura suficiente, entonces adquiere aspecto traslúcido y consistencia de gel que perderá según se vaya enfriando. En principio, el que el jabón gelifique o no, no influye en el resultado final, es decir, el jabón es igual de bueno con gelificación que sin ella. En realidad el problema, un problema meramente estético, sería que la gelificación quedara a medias porque las pastillas presentarían una zona central de aspecto diferente. Es una pena que no tenga ninguna foto para enseñaros cómo es este efecto. Por eso, la mayor parte de los jaboneros "abrigan" sus jabones nada más echarlos al molde, envolviéndolos en film transparente y tapándolos con una manta, para ayudarles a conseguir la temperatura necesaria. Vamos hombre, ¿se mima o no se mima al jabón?
        - CURACIÓN, periodo de entre cuatro y seis semanas que tarda el jabón en ser jabón ;). Es el tiempo que tendremos que esperar para poder usar nuestras pastillas. Lo sé..., una gaita.

Y esto es todo por hoy. Sé lo dura que resulta siempre la teoría, pero es que, si queremos lanzarnos a jabonear, es imprescindible tener claras ciertas cuestiones. Así que, a quien haya conseguido terminar de leer esta entrada, mis felicitaciones y mi agradecimiento. Prometo que la próxima será más ligerita :P.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Jabón de avena y miel, un jabón para comérselo

Son muchos los ingredientes que podemos incluir en una receta de jabón y muchos de ellos comestibles. Con razón luego tienen esa pinta recién hechos que, la verdad, uno duda entre abrigarlos para que gelifiquen o dar buena cuenta de ellos a cucharadas (¡eh, eh!, que nadie se tome esto al pie de la letra, por favor, que no quiero ser responsable de ningún lavado de estómago a base de sosa... o de un lavado de estómago por un atracón de sosa ;P). Bromas aparte, como he dicho, entre las cosas ricas que admiten nuestros jabones están ingredientes como el cacao en polvo, el café, algunas frutas y algunas verduras, la cerveza o el vino, la avena, la miel... Esta es una de las razones por las que la realización de jabón es tan creativa, porque son tantas las opciones posibles... Y eso partiendo de una base tan sencilla como agua, sosa y grasa. Base a la que se pueden sumar infinidad de componentes. Puedes escoger entre montones de aceites, de colores y de aromas y, por si eso fuera poco, además admite un montón de aditivos que van a aportar a tu jabón estupendas cualidades.




No suelo complicarme mucho la vida a la hora de hacer jabón, pero es que, en cuanto metes varios colores o algún aceite esencial o fragancia de esos que aceleran la traza, es fácil que suceda algún imprevisto o que, sin suceder ningún imprevisto, los nervios te jueguen alguna mala pasada. Así que, de vez en cuando, es una gozada hacer uno de esos jabones sencillos, sin colores e incluso sin aroma, menos vistosos sí, pero igual de ricos o más. Me gusta hacerlos porque es entonces cuando disfruto realmente del proceso, de la verdadera magia del jabón. Y el resultado me encanta, igual que la sencillez de la receta te permite centrarte sin distracciones en su elaboración, la sencillez del jabón resultante también te permite centrarte en sus auténticas cualidades, sin colores, aromas o diseños que te aparten de lo realmente importante que es que tienes entre manos un jabón artesano natural estupendo y totalmente respetuoso con tu piel.



Uno de esos jabones sencillos, pero de resultado fabuloso, es el jabón de avena y miel, si es que ya solamente el nombre es una pura promesa de cremosidad. En ocasiones, antes de ponerme con una receta, sobre todo cuando se trata de estos jabones que pueden considerarse clásicos, me gusta curiosear un poco por la red a ver qué me encuentro. Así llegué al blog de Mimoko, natural mola más, y encontré una estupenda receta de jabón de miel. Pero no suelo copiar recetas sin más, siempre me gusta darles una vuelta para adaptarlas a mis propios gustos, y así fue como finalmente la receta de jabón de miel de Mimoko se convirtió en mi receta de jabón de avena y miel y quedó así:

   - Aceite de oliva, 756 gr.
   - Aceite de coco, 252 gr.
   - Manteca de cacao, 117 gr.                    
   - Manteca de karité, 117 gr.                    
   - Cera de abeja, 18 gr
      - Sosa, 161 gr.
      - Agua, 414 gr.
   - Dos cucharadas soperas de miel y dos de copos de avena

   - Sobreengrasado, 11%
   - Concentración, 28%



Para incorporar la miel y la avena al jabón, separo un poco de agua de la receta, la templo y disuelvo en ella la miel y añado la avena para que se reblandezca. Esta mezcla la añado al final en la traza y bato bien.

Como esta receta es para una cantidad muy grande de jabón, 1800 gr., si alguien quisiese utilizarla para hacer menos, solamente necesitaría dividir las cantidades o, para más seguridad, pasarla por la calculadora de saponificación y reescalarla a la medida deseada.