jueves, 24 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!

Quiero aprovechar estas fechas para daros las gracias a todos los que a lo largo de este año os habéis asomado a mi alacena (que, en realidad, es más vuestra que mía).  A los que habéis pasado discretamente; a los que me habéis apoyado con vuestros comentarios que tanto, tanto agradezco; a todos.

Para felicitaros estas fiestas quiero compartir con vosotros una obra maravillosa interpretada por el Coro de Amigos Coralia Artis, coro al que desde hace unos meses tengo la suerte de pertenecer. Para que veáis que no todo es jabón en mi vida ;).

Os deseo de corazón una feliz navidad y que el nuevo año llegue cargado de mucho amor y de muchos momentos felices.


Zorionak                  Feliz Navidad                 Bon Nadal              

            Merry Christmas                  Kala Christougenna                                

Buon Natale              Boas Festas                Shinnen omedeto

    Pozdrevlyayu s prazdnikom

                                        Fröhiliche Weihnachten



lunes, 7 de diciembre de 2015

Jabón facial para pieles secas y maduras

Hace unos años ni se me habría pasado por la cabeza lavarme la cara con jabón. Tengo la piel bastante seca y creía que piel seca y jabón eran incompatibles, después de todo el jabón reseca, ¿no? Bueno, eso es así cuando hablamos de jabones comerciales, que nos dejan la piel tirante, reseca y con una sensación muy desagradable, pero eso no pasa con un jabón artesano, máxime cuando está formulado pensando especialmente en una limpieza suave e hidratante. Varias personas de las que habían probado mis jabones, me decían que los usaban también para la cara, ¡jabones que ni siquiera estaban pensados para eso! Me daba un poco de reparo, pero me aseguraban que les iban fenomenal. A pesar de estar encantada con ellos, muy contenta con cómo me dejaban la piel del cuerpo, seguía sin plantearme usarlos para la cara.

Pero basta que lea en un blog alguna entrada sobre jabones faciales o a alguien que cuenta en mendrulandia las virtudes de su última fórmula para la cara, para que a mí me entren unas ganas enormes de ponerme a experimentar. Después de darle unas cuántas vueltas a la fórmula, poniendo y quitando ingredientes en busca de la combinación perfecta, conseguí un jabón excelente, que deja la piel limpia y suave, pero tan, tan suave, que es un placer usarlo a diario. Llevo ya más de un año usando este jabón y sólo puedo deciros cosas buenas de él, vamos, que está requeteprobado ;).


Si habéis visitado mi blog con anterioridad, sabréis de sobra lo mucho que me gusta darle color a mis jabones, pero también me gustan los jabones sencillos, esos cuyo principal atractivo es la promesa de las muchas bondades que proporcionará a nuestra piel. Tengo la manía de no utilizar colores en aquellos jabones que tienen una finalidad concreta, yo qué sé, cosas mías. Y ahora pensaréis, pero bueno, si este jabón está decorado con unas líneas blancas... Pues sí, pero esas extrañas rayas son debidas a un curioso efecto producido por una gelificación incompleta (los que no entendáis el término y tengáis curiosidad, sólo tenéis que pinchar en el enlace :)). Esa fue la primera y, por el momento, única vez que me ha pasado algo parecido y, dado que es una de esas cosas que el jabón hace cuando quiere y como quiere, dudo mucho de que se vuelva a repetir...


Aquí os dejo la fórmula para que la probéis si os apetece. Si introducís los datos en la calculadora de saponificación de mendrulandia, veréis que el valor del acondicionado es muy alto porque, como os he dicho, me interesaba un jabón muy suave y muy hidratante. Os animo a que probéis a modificar este u otros valores, quitando y poniendo aceites o cambiando las cantidades. Es así como se aprende a utilizar esta estupenda herramienta. Y no os olvidéis de reescalar la fórmula si queréis un jabón más pequeño ;).

- Aceite de oliva, 682 gr
- Aceite de hueso de palma, 244 gr.
- Manteca de karité, 117 gr.
- Aceite de borago, 68 gr.
- Aceite de macadamia, 68 gr.
- Cera de abeja, 58 gr.
         - Sosa, 156 gr.
         - Agua, 400gr.

- Sobreengrasado, 10%
- Concentración, 28%

Me encantaría que, si os animáis a hacer este jabón, volvieseis por aquí a contarme el resultado, sería estupendo.








domingo, 9 de agosto de 2015

Las cosas del jabón

No es la primera vez que cuento aquí que es muy habitual llevarse alguna que otra sorpresa cuando elaboramos jabón artesano. A veces son desagradables. No gelificó como debía y me quedó un ronchón oscuro en el centro de la pastilla; un color que creía estable mutó y se convirtió en otro horroroso de feo; tenía en mente una decoración y el resultado no tiene nada que ver con lo que yo había pensado; ¡dios mío!, ¿qué le ha pasado a la traza?, ¡esto es puro cemento!, ¿cómo meto yo ahora la percha?... En fin, esas cositas que no esperábamos, pero que ocasionalmente ocurren y nos dan pequeños disgustos..., bueno, y grandes también. Pero no siempre es así, incluso cuando pensamos que hemos metido la pata hasta el corvejón, podemos tener la increíble suerte de que el jabón esté de buenas y nos regale uno de esos resultados inesperados y maravillosos.


Uno de los momentos más especiales en la elaboración del jabón es el momento de cortar la primera pastilla de una nueva barra. Hemos dedicado tiempo y cariño a idear y formular una buena receta, hemos pensado en una combinación cromática perfecta, hemos elegido el aroma adecuado, hemos escogido entre las diferentes técnicas decorativas la que más nos gusta, hemos disfrutado con todo el proceso y, por último, hemos esperado pacientemente a que pasen los dos días de rigor para poder sacar a nuestra nueva "criatura" de su cascarón (vamos, a sacar el jabón del molde, que es que ya no sabe una que inventar para no repetir ochenta veces la palabra "jabón" en una entrada ;P).


Un compañero de mendrulandia comparaba la emoción de cortar esa primera pastilla con la de la mañana de Reyes. Puede parecer una exageración, pero yo creo que es una comparación muy acertada :). Claro que no siempre llegamos a ese momento con ilusión porque, si hemos sufrido alguno de los percances que he enumerado ahí arriba, no estaremos muy ilusionados que se diga. Pues eso es exactamente lo que me pasó a mí con mi último jabón. Había pensado hacer un jabón blanco en su mayoría, con una decoración de remolinos ocultos en amarillo y azul. Esta técnica la explica estupendamente Mónica en su blog, "El arte del jabón", exactamente aquí. Como decía, había pensado, porque se me fue la mano con la batidora y tuve que echar el jabón en el molde casi a paladas... ¡Qué coraje! Aún así, intenté introducir los colores en el blanco a base de darle con mucho ahínco y mucha fe con la espátula y, a pesar de que nada hacía pensar que pudiese remover nada de nada con la percha, le di unos cuantos meneítos por si acaso. Y lo más que pude hacer por la parte de arriba fue una decoración de cuchara..., bueno, no está mal para variar porque no suelo utilizarla mucho...


Cuando llegó el  momento de cortarlo, me esperaba lo peor. Pero ya he dicho que a veces el jabón es generoso y esta vez lo fue. ¡Estoy encantada con el resultado! A ver si soy capaz de repetir el efecto cuando realmente quiera, ya tranquilamente, sin pasar sudores ni disgustos.


Os dejo la receta por si os apetece probarla. A mí me gusta mucho, es muy suave y espumosa. Ya, ya, lo sé, siempre digo lo mismo, pero es que todas lo son. Si es que hay que pasarse a lo natural, que es una gozada.

   - Aceite de oliva, 698 gr.
   - Aceite de coco, 199 gr.
   - Manteca de cacao, 127 gr.
   - Manteca de karité, 115 gr.
   - Aceite de almendras, 67 gr.
   - Aceite de ricino, 29 gr.
      - Sosa, 158 gr.
      - Agua, 294 gr.

   - Sobreengrasado, 10%
   - Concentración, 35 %

Sólo recordar un par de cosas, que esta receta está pensada para unos 1800 gr. de jabón, quién quiera una cantidad distinta, no tiene más que utilizar la calculadora de mendrulandia para reescalar la receta; y que he utilizado una concentración bastante alta, pero este dato también se puede modificar en la calculadora, tenéis enlace directo a la derecha de la pantalla. Y por supuesto que, si os ponéis a jabonear, no olvidéis nunca las medidas de seguridad ;).

lunes, 1 de junio de 2015

Jabón de colores

¿No os ha pasado nunca que, basta que tengáis que quedar bien con alguien, para que las cosas se tuerzan? Bueno, pues eso es exactamente lo que me ha pasado a mí con una tanda de jabones por encargo que acabo de hacer. Justo por estos días va a hacer dos años que empecé a hacer jabón, lo recuerdo como si de un aniversario se tratase y, en cierto modo, así es. Vale que no es una experiencia espectacular, pero he jaboneado mucho en este tiempo y también he tenido la suerte de no haber tenido demasiados problemas haciéndolo. Así que cuando me puse a hacer un encargo grande de jabón y al muy puñetero le dio por no endurecer, hasta el punto de que, después de cuatro días hecho, se quedaba pegado al cuchillo al cortarlo, me quedé completamente descolocada. Funciono muy mal bajo presión, me bloqueo y, más allá de lamentarme y pensar "¿por qué a mí, señor?, ¿por qué a mí?", no era capaz de mucho más.


Pero creo que aún no os he contado una cosa y es que en este mundillo de artesanos, brujos y brujas jaboneros, hay gente muy, pero que muy generosa. Son como hadas buenas que no dudan en desplegar su extensa experiencia y sabiduría para ponerla a tu servicio en caso de necesidad. Y en esta ocasión, mi hada buena particular fue Mónica, de El arte del jabón, a la que no puedo sino estar agradecida, muy agradecida, de verdad. Algún día, con más tiempo, os enseñaré mis intentos de imitar alguno de sus preciosos jabones, el resultado es muy divertido... De momento os recomiendo que no dejéis de visitar su blog, vais a aprender mucho y a disfrutar un montón de su trabajo.


Cuando acudí a Mónica para preguntarle cuál podía haber sido el problema, no sólo me tranquilizó sino que, dado que la fórmula estaba equilibrada y con valores correctos, me dio un cursillo acelerado de cómo trabajar el jabón con concentraciones más altas para evitar en lo posible ese problema de la falta de dureza. En muy pocas ocasiones había yo tocado esa variable de la concentración en la calculadora de mendrulandia que, por defecto, es siempre de un 28%. 


Aprovecho para explicaros, porque no lo hice en la entrada sobre teoría que publiqué, que cuando hablamos de CONCENTRACIÓN nos estamos refiriendo a cómo de concentrada está la lejía que vamos a utilizar para hacer el jabón. Si el porcentaje es más alto, significa que tenemos más sosa disuelta en menos agua (con un 40 % de concentración tendríamos un 40% de sosa disuelta en un 60% de agua); si es más bajo, tendremos menos sosa en más agua (con un 28% de concentración, tendríamos un 28% de sosa disuelta en un 72 % de agua). Cuando cambiamos este punto en una receta, en realidad la única cantidad que cambia es la de agua, la de sosa no se modifica.


Con concentraciones más altas, es más difícil hacer decoraciones porque la traza espesa mucho antes, de ahí que sea imprescindible trabajar con todos los ingredientes lo más fríos posible, para retardar este momento. Me ha gustado mucho la experiencia, aprender a hacer las cosas de una manera diferente siempre es muy interesante y constructivo.


La decoración que he empleado es muy sencilla, pero muy resultona. Saqué la idea de este vídeo que encontré en youtube. En realidad, ese jabón no se parece en nada al mío ;), porque yo suelo hacer luego lo que me parece. El jabón del vídeo, que es muy bonito, queda parecido a lo que sería un jabón decorado con la técnica del falso embudo, pero es que a mí las rayas curvas que quedan no me gustan mucho, así que yo decidí meterle unos meneítos con la percha y estoy muy contenta con el resultado. Un método muy sencillo y sin complicaciones con unos resultados muy vistosos, espero que os guste :).


Creo que no hace falta explicar que las fotos de esta entrada son, una vez más, un regalo de María que, entre examen y examen, sacó un rato para recorrer su precioso jardín buscando el lugar idóneo para cada una de las fotografías. ¡Son unas fotos preciosas! ¡Gracias de nuevo, María!

viernes, 22 de mayo de 2015

Jabón de Castilla

En el mundo del jabón, hay una serie de recetas que podemos denominar clásicas y, quizás, la más sencilla y conocida de todas sea la del jabón de Castilla. Este jabón lleva en su composición, como única grasa, nuestro magnífico aceite de oliva. Es un jabón que no gusta a todo el mundo, pero lo que todo el mundo sabe es que es el jabón más respetuoso y delicado con nuestra piel. Por esta razón, es ideal para pieles sensibles, como la piel de los bebés, siempre y cuando no le añadamos ni aromas ni colorantes. La razón por la que hay gente a la que no le gusta, es porque es un jabón que no hace mucha espuma y porque, una vez que entra en contacto con el agua, se vuelve blando y babosillo. Pero no os desaniméis por eso, porque sus beneficios compensan con creces estos dos pequeños inconvenientes. Además, acordaos de que os di un truquillo para ese tema de la espuma ;).




Como es un jabón que, como ya he dicho, no lleva ni aromas ni colorantes para que sea 100% natural, decidí utilizar un molde de silicona con forma de rosa. No suelo usarlos casi nunca porque me encantan las barras, pero en esta ocasión me parecía que le iba al pelo y, la verdad, creo que han quedado muy monos :).



El periodo de curación de cualquier jabón es de cuatro a seis semanas, el del jabón de Castilla, también, pero mejora notablemente si tenemos un poco más de paciencia y nos aguantamos unos seis meses antes de usarlo. Entonces hará algo más de espuma, aunque nunca va a ser un jabón espumoso, y estará un poco menos baboso. Creo que merece a pena la espera :).


lunes, 27 de abril de 2015

Truco espumoso

Seguramente, dos de las principales obsesiones de un artesano jabonero son el olor de sus jabones y su espuma. En relación con el olor, no tengo ningún remedio, sólo tengo una reflexión. Los jabones artesanos huelen lo que huelen y yo prefiero mil veces un jabón natural de aroma discreto pero excelentes propiedades para mi piel, a cualquier producto comercial con un aroma embriagador. Dicho esto, sí os voy a dar un truqui para el tema de la espuma.

Hay que reconocer que la espuma es muy agradable. Es verdad que no quiere decir que un jabón menos espumoso sea un jabón peor. Tenemos que acostumbrarnos a que cuando usamos un jabón artesano, más que con espuma, nos lavamos con una especie de cremita. Peeero, como he dicho, ya que la espuma nos gusta, os voy a dar un truco para convertir vuestra ducha con jabón artesano en una auténtica fiesta de la espuma. Es tan fácil, sencillo y económico como usar el jabón dentro de una bolsa de organdí (también conocido como organza). Esta combinación, no me digáis por qué, hace que la espuma de cualquier jabón se multiplique.


Esa es solamente una de sus muchas ventajas y utilidades porque, además, es una manera estupenda de mantener el jabón seco y que no se nos quede blandurrio y baboso por estar en la jabonera en contacto con el agua. Una vez que terminamos de usarlo, y aprovechando la cinta que trae la bolsita para cerrarse, lo colgamos de cualquier parte (grifo, soporte de la ducha o, si queréis, una de esas ventosas que se pueden adherir a los azulejos) y lo tendremos listo y completamente seco para el próximo uso.


Estas bolsas son también muy prácticas para aprovechar restos de pastillas o recortes de jabón, metemos unos cuantos trocitos juntos en una de ellas y obtenemos un excelente jabón multipropiedades ;). Os invito a que lo probéis y estaré encantada de que, si lo hacéis, me contéis qué os ha parecido.


Por último, quiero decir que esta estupenda idea no se me ocurrió a mí, que cuando digo que no tengo imaginación es por algo ;P, sino a mi amiga Gema que generosamente me permite compartirla en este rincón. Espero que os haya gustado :).


martes, 21 de abril de 2015

Jabón de borago

Tengo una tendencia natural a la dispersión, no lo puedo evitar. Esto me lleva a empezar cosas que luego no remato porque mi cabeza ya está pensando en la siguiente. Esto mismo me pasa con el blog, son tantas las cosas que quiero publicar, que empiezo una entrada y otra y otra y, antes de haber acabado alguna, ya me viene una nueva idea a la cabeza que necesito poner por escrito..., ¡es horrible! Me gustaría ser más ordenada, más metódica, menos caótica, pero esto es lo que hay :). Claro que no siempre es así, a veces me centro y escribo de un tirón, normalmente suele pasar cuando tengo muchas ganas de compartir algo y ésta es una de esas veces.


No suelo utilizar ni muchos ingredientes ni muy sofisticados en la composición de mis jabones porque, con cuatro o cinco aceites, me vale para alcanzar las características que busco, así que para qué me voy a complicar más. El aceite de oliva, imprescindible; el de coco, también, claro; la manteca de karité, por la que siento debilidad, no suele faltar; ni la manteca de cacao ni la cera de abejas. Todos ellos son casi fijos en cualquiera de mis recetas. Pero claro, experimentar gusta, y al final es inevitable que acabes probando cosas nuevas. 


Así fue cómo llegué al aceite de borago que, en realidad, de exótico no tiene nada porque, aunque el nombre despiste, se trata nada más y nada menos que de aceite de borraja (se ve que borraja no suena tan bien como borago, que es su nombre científico; eso para el que no las haya comido nunca, porque yo, personalmente, las adoro). La verdura tiene un montón de propiedades beneficiosas para el organismo y el aceite no va a ser menos. Es un aceite muy interesante para pieles maduras porque ayuda a reducir las arrugas, es emoliente, es decir, suaviza la piel, y reduce la pérdida de colágeno, entre otras cosas. Pero, en realidad, lo que a mí me interesa, es que el jabón que resulta tras incluir este aceite en la receta, es una gozada. Casi podría decir que no hay jabón artesano que no me guste, pero es que éste es especialmente agradable de usar. No sé si aportará a mi piel todas esas cosas buenas que el aceite promete, lo que sí sé es que usarlo en la ducha es un placer. Es muy suave, muy espumoso y deja la piel hidratada y limpita ;). 


No voy a poneros los dientes largos contándoos lo maravilloso que es este jabón así sin más, para quien quiera probar sus bondades, aquí os dejo la receta. Que conste que es mi receta preferida, así que espero de verdad que os guste.


JABÓN DE BORAGO

   - Aceite de oliva, 579 gr.
   - Aceite de coco, 236 gr.
   - Manteca de cacao, 177 gr.
   - Aceite de almendras, 118 gr.
   - Aceite de borago, 83 gr.
   - Cera de abeja, 24 gr.
      - Sosa, 161 gr.
      - Agua, 415 gr.

   - Sobreengrasado, 8%
   - Concentración, 28 %


Mi madre es aragonesa. La borraja es una verdura muy común y apreciada en Aragón. Así que este jabón que lleva el aceite de las semillas de esta verdura que tanto nos gusta y tanto nos recuerda a su tierra, se lo dedico a ella. ¡Va por ti, mamá!


***Hoy, día 21 de octubre de 2015, gracias al amable comentario de Aira, que me señala que hay un error en la receta, edito la entrada para corregirlo. Que nadie se asuste, que no era nada importante, simplemente una equivocación en el sobreengrasado que apenas afecta al resultado final. De todos modos, pido mil disculpas y prometo estar más atenta de ahora en adelante. Esto me hace reparar en el hecho de que, aunque a veces me parece que escribo sólo para mí, detrás de la pantalla hay personas que leen lo que yo escribo en estos momentos y además lo leen con atención. ¡Gracias Aira! Y gracias a todos los que os asomáis a mi alacena, es un regalo para mí.

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Por qué la alacena?

Hace algún tiempo, un amigo me regaló un libro, así, porque sí, sin motivo alguno. Uno de esos detalles que te hacen sonreír, pero sonreír de verdad, sonreír por dentro. El libro no venía solo, dentro había guardado este precioso poema.


ONE FOR THE STOREHOUSE

The fading evening light;
Your face
deeply engrossed
in a book;
The stillness
and the noise
of the sea;
All this,
will I put
in my storehouse
of good memories
and hold it
against the coming storms.

Meiling Jin, Gifts from my grandmother


Traducido de aquellas maneras, viene a decir lo siguiente: La tenue luz del atardecer; tu cara profundamente absorta en un libro; la quietud y el ruido del mar; todo esto, lo pondré en mi almacén de buenos recuerdos y lo conservaré contra las tormentas venideras.




Aunque el poema habla de un almacén, yo siempre pensé en una alacena, porque es una palabra que me encanta y porque en una alacena guardamos cosas frágiles, delicadas. La imagen me parece preciosa y perfecta. Almacenar buenos recuerdos para echar mano de ellos en los malos momentos. Así que, desde que leí este poema, esa imagen la hice mía y la he utilizado muchas veces. Son muchas las cosas que podemos guardar en la alacena si somos capaces de disfrutar y valorar las cosas pequeñas. Los jabones me han dado mucho y se merecen un lugar aquí, en mi alacena, donde comparten espacio con personas que la vida ha puesto en mi camino como si fueran un regalo, paseos perfectos, lugares que son descubrimientos que compartir, lunas, nubes y cielos imposibles, libros que son refugio, párrafos que un día alguien escribió sólo para mí (de eso estoy segura), canciones que cantar hasta quedar afónica, sonrisas que iluminan los días, y besos y abrazos, sobre todo abrazos... ¡Esta alacena está a tope! Y espero y deseo que la vuestra también ;).


jueves, 2 de abril de 2015

Jabón facial para pieles grasas, jabón de encargo

Hace algún tiempo, una buena amiga me preguntó que si hacía jabón para pieles grasas. La verdad es que, cuando formulo un jabón, no suelo buscar nada en concreto, más allá de que sea un jabón rico, rico ;). Me gusta jugar con la calculadora, añadir aceites, modificar las cantidades y observar cómo este vaivén de cifras y de ingredientes influye en las características finales del jabón. Porque me parece que ya comenté en su día que, por un lado, la calculadora de saponificación de mendrulandia nos ayuda a formular los jabones aportándonos las cantidades necesarias de sosa y agua que necesita cada combinación de aceites y, por otro, y esto es lo más interesante, nos muestra una serie de propiedades que caracterizarán el jabón resultante (dureza, burbujas, persistencia, limpieza y acondicionado). Eso nos ahorra echar unas cuantas cuentas y nos permite poner y quitar rápidamente, cambiar una y otra vez ingredientes y, como digo, observar cómo afectan al resultado final. Este proceso es muy, pero que muy entretenido.




Así que hacer todo esto con un fin concreto, sin que sea solamente jugar por jugar, me ha encantado. Estoy aprendiendo, y resulta mucho más divertido y eficaz aprender cuando se tiene un objetivo. Para formular este jabón, tuve que investigar sobre aquellos aceites más idóneos para pieles grasas y/o acnéicas y sobre los aditivos más convenientes. Y así fue como opté por un sobreengrasado (SE) a base de aceite de jojoba y aceite de avellana, porque ambos aceites combinan la capacidad de hidratar profundamente la piel con la acción reguladora de las glándulas sebáceas. Lleva también arcilla verde, adecuada por su acción purificante y antibacteriana, y aloe vera con propiedades astringentes, antiinflamatorias y cicatrizantes. ¡Ah, se me olvidaba! Los aceites esenciales, litsea-cubeba, árbol del té y lavanda, son apropiados para pieles grasas, por supuesto.




La receta del jabón facial para pieles grasas quedó así:

   - Aceite de oliva, 630 gr.
   - Aceite de palmiste, 184 gr.
   - Manteca de karité, 126 gr.      
   - Aceite de ricino, 91 gr.            
   - Estearina, 90 gr.
   - Aceite de avellana, 30 gr. (SE)
   - Aceite de jojoba, 20 gr. (SE)
   - Arcilla verde, 30 gr.
   - Aloe vera, 50 gr. (descontados del agua)
      - Sosa, 155 gr.
      - Agua, 349 gr.

   - Sobreengrasado, 9%
   - Concentración, 28%

*Tanto el SE, como la arcilla y el aloe se añaden en la traza.


Una de las cosas buenas que tiene hacer jabón artesano es que puedes hacerlo justo a la medida de tus necesidades, sean las que sean. Y lo mejor de todo es que, hace unos días, mi amiga me contó que el jabón le está yendo genial y eso me pone la mar de contenta :).

miércoles, 25 de marzo de 2015

Jabón con inclusiones. Cuando fotos y jabón son un regalo

En un blog sobre jabones, las fotos son muy importantes, puede que no lo más importante, pero cuando se trata de mostrar el trabajo que has realizado, unas fotos pintonas ayudan y mucho. La fotografía no es lo mío, me gusta, mucho, pero creo que a estas alturas ya ha quedado claro que no es lo mío :(. Pero soy una chica con suerte y en esta ocasión me ha venido a ver a casa, así como lo cuento. Y es que hace unos días, María me regaló unas fotos preciosas, pero preciosas, de mis jabones.




María tiene 17 años y le encanta la fotografía. No hay nada tan gratificante como dedicarse a algo que nos apasiona. A veces la veo a través de la ventana, perdida en su jardín, cámara en mano, en esa actitud en la que el tiempo no existe, abstraída, buscando, esperando capturar el instante perfecto. Es un placer contemplar a quien está haciendo algo que le entusiasma.


La prueba de lo mucho que visten unas buenas fotos, y éstas lo son, es que la técnica decorativa que empleé en estos jabones, que aquí se ven de lo más resultones, es una de las más sencillas. El procedimiento es tan simple como añadir trocitos de algún jabón anterior a la masa de otro nuevo. Este método se suele emplear para aprovechar pequeños restos de jabón y es que, si algo nos caracteriza a los jaboneros, en general es que no tiramos nada. En este jabón en concreto, utilicé trozos de uno de chocolate que, no sé muy bien por qué razón, se me había resquebrajado al partirlo.


No lo he comentado con anterioridad, pero el tema de los colorantes es peliagudo, porque no siempre se obtienen los colores que uno espera. Así que cuando compro un color nuevo, si tengo tiempo, si me viene bien y si me acuerdo, hago una especie de prueba de color. Utilizo una receta sencilla y la coloreo a ver qué pasa. Podría utilizar estas pruebas con total normalidad, pero también se pueden hacer cachitos y usar para decorar un jabón. Este jabón blanco y azul me gusta especialmente, me parece un jabón de bebé :). Una cosa, ¿veis en las fotos cómo los trozos se han precipitado en su mayoría al fondo? Podría deciros que era el efecto que perseguía, dejar una parte superior blanca y las notas de color abajo, pero la verdad es que se hundieron porque el jabón pesa y si no dejas la traza bastante espesita, esto es lo que sucede... De todos modos el resultado final no me disgusta en absoluto ;).




Estas no son las únicas fotos que me regaló María, pero el resto me las guardo para futuras entradas ;). No sabéis el gusto que me da poder tener este tesoro guardado en mi alacena. ¡Muchas gracias, María!

lunes, 16 de marzo de 2015

Mi amiga Ana (primera alacenada)

Mi amiga Ana tiene un blog, ese sobre libros que aparece recomendado a la derecha de la pantalla. No es un blog sobre libros al uso, uno de esos que habla sobre lecturas como quien habla del tiempo. El blog de Ana es apasionado, honesto, visceral, el blog de Ana es como Ana. Quizás no sea un blog para todos los públicos porque Ana cuenta lo que lee desde las tripas, no filtra, porque sólo es fiel a sí misma. A mí me gusta, no, a mí me encanta, soy adicta a su forma de contar. Gracias a Ana y a su blog he descubierto libros que se han convertido en refugio, libros a los que volver cuando la vida se pone patas arriba, ese tipo de lecturas que pasan a formar parte de ti y de tu imaginario personal.

Ana, Ana Blasfuemia, de tanto en tanto, aparca el tema de los libros y nos regala escritos sobre ella, nos permite mirar un poco más adentro, eso teniendo en cuenta que cuando comparte lecturas también se comparte un poco, o un mucho, la verdad. Cuando escribe así denomina sus entradas blasfuemiadas, cosas suyas, de Ana Blasfuemia, personales e intransferibles.

Este blog es de jabones, pero paralelamente a la incursión en este mundo y a la adicción a esta actividad, me han sucedido cosas que me apetece recoger, no sé si tanto por compartir, puesto que no tengo muy claro que puedan interesar a alguien más que a mí misma, como por registrar, por almacenar (buenos momentos que almacenar contra las tormentas venideras). Así el blog hará honor a lo que se suele decir de los blogs, que en el fondo son sólo una vía para dar rienda suelta a nuestro afán de exhibicionismo...

Como no tengo mucha imaginación, por una parte, y por otra quiero rendir un pequeño homenaje a mi amiga Ana, voy a crear la etiqueta de "alacenadas", si sé cómo hacerlo ;), para recoger esos escritos que dejan a un lado el tema principal, aunque ahora no único, de este blog, los jabones.

Ana me ayudó a construir este espacio que sin su colaboración y su respaldo no habría sido posible. No puedo más que estar agradecida, por eso y por muchas cosas más. Así que gracias, Ana, catadora de libros.


jueves, 12 de marzo de 2015

Un poco de teoría

Tras escribir mi última entrada y después del cariñoso tirón de orejas de mi amiga Gema, me he dado cuenta de que utilizo varios conceptos que, a un profano en la materia, pueden sonarle por completo a chino. El jabón, como cualquier otra actividad, tiene su propio lenguaje y su propia terminología. En principio no pensaba publicar en el blog explicaciones teóricas porque teoría hay mucha, muy buena y muy bien escrita, pero por otra parte me gustaría que las personas ajenas a este mundillo que se dejen caer por aquí, puedan encontrar la información necesaria para hacerse una idea de lo que les cuento, sin tener que ir a buscarla vaya usted a saber dónde ;). Así que voy a hablaros un poco sobre el proceso de elaboración del jabón y a intentar explicar los conceptos más importantes para que, aquellos que sintáis curiosidad, tengáis la información más a mano. Más adelante, para quien quiera profundizar más, dedicaré una entrada a enlazar aquellas páginas que a mí me parecen más interesantes. Empezaré por detallar todo lo necesario para comenzar a hacer jabón.

INGREDIENTES

        - AGUA, tiene que ser destilada.
        - SOSA, o lo que es lo mismo, hidróxido de sodio (NaOH), que tendrá que tener una pureza mínima del 98% por ciento. Esta información debe aparecer en la etiqueta, si no la encontráis, desconfiad. Os lo digo por experiencia, es muy doloroso tener que deshacerse de un montón de ingredientes estupendos porque has utilizado una sosa de mala calidad y el jabón no termina de cuajar.
         - GRASA, es decir, aceites o mantecas. Imprescindible el aceite de oliva, seguido por el de coco que nos proporciona espuma y dureza. A partir de ahí, todo depende de nuestro presupuesto, nuestra imaginación y las cualidades que queramos aportarle a nuestro jabón porque, en buena medida, dependerán de la combinación de aceites que utilicemos en nuestra receta.

     
         - ADITIVOS, uf, en este apartado sí que se puede decir que la imaginación al poder porque los ingredientes que se le pueden añadir a un jabón son tantos y tan variados que podría tirarme aquí hasta mañana enumerándolos. Pero diré unos cuantos para que os hagáis una idea. Podemos empezar por el agua que puede ser sustituida por otros líquidos como infusiones, leche, cerveza o vino. Eso para empezar porque después el jabón admite cosas tan dispares como las arcillas, la fruta (plátano y aguacate), la verdura (pepino, zanahoria y calabaza), el aloe vera, las semillas de amapola, la avena, la cera de abeja, la miel, la sal, las algas, la seda... ¿A que parece increíble? Si ya lo digo yo, todo un mundo...

MATERIAL

El material que utilicemos para hacer jabón es conveniente que se dedique exclusivamente a esta actividad, sobre todo si se trata de materiales como el plástico o la madera que, por mucho que los laves, conservan siempre olores y a saber qué cosas más. Lo mismo pasa con la batidora, las hay muy baratitas en el mercado y nos aseguramos de que ninguna partícula no deseada acabe en el puré de los niños ;).

Los utensilios podrán ser de plástico, cristal resistente al calor, madera o acero inoxidable. ¡Ojo!, no son aptos para esta actividad ni el aluminio, ni el cobre (aunque no es que sea muy normal encontrar cacharros de cobre en las cocinas de hoy en día) ni esas cazuelas con revestimiento de teflón.

Es imprescindible contar con una báscula digital de cocina para pesar los ingredientes porque, en este caso, lo de gramo arriba gramo abajo no vale.


Los moldes pueden ser de muchas clases. Podemos empezar utilizando tarros vacíos de yogur o flan, quedan unos jabones muy curiosos y nos ahorramos hacer desembolsos innecesarios. Es conveniente untarlos de aceite antes de echar el jabón para que no se pegue. También son muy prácticos los moldes de silicona, pero siempre y cuando no vayamos a utilizarlos después para repostería. Tanto las tarrinas de yogur como los moldes de silicona, si nos dan guerra al desmoldarlos, los podemos meter un par de horas en el congelador, lo que nos facilitará enormemente la tarea. Una vez que ya estemos iniciados y enganchados, estará bien hacerse con un buen molde de madera, por ejemplo. Este último es necesario forrarlo con papel de horno para poder desmoldar el jabón sin problemas.


También es fundamental un buen rollo de papel de cocina para eliminar en lo posible todos los restos de jabón que queden en nuestro instrumental antes de proceder a su limpieza. Así evitaremos que esa masa que todavía no es jabón, sino agua, sosa y grasa emulsionada, por así decirlo, acabe en nuestros ríos. El jabón es mucho más respetuoso con el medio ambiente que cualquier detergente, gel o champú comercial, pero, hasta después de un mes, esa mezcla no es jabón ¿vale?

MEDIDAS DE SEGURIDAD

        - TRANQUILIDAD, parecerá una tontería, pero ésta es la primera medida de seguridad a tener en cuenta. Para hacer jabón no vale cualquier momento. Debemos escoger un momento tranquilo, en el que nada ni nadie nos vaya a distraer. Eso evitará que nos precipitemos, que nos distraigamos, y ayudará a que disfrutemos mucho más de la experiencia.
        - ORGANIZACIÓN, tampoco es broma. Ayuda, y mucho, tener todo dispuesto antes de ponernos a trabajar, sobre todo, antes de empezar a batir el jabón. Todo aquello que no vayamos a utilizar, recogido; encimera, despejada; aromas, colorantes y sobreengrasado, listos; utensilios necesarios para la decoración, a mano y, por supuesto, el molde bien forrado y cerquita. No os quiero ni contar lo que pasa cuando ya has empezado a batir la mezcla, cuando has alcanzado ese punto deseado que es la traza y te das cuenta de que te has olvidado de preparar el aroma de tu jabón. Y eso no sería tan importante, porque al fin y al cabo tendrías un jabón estupendo, sin olor, pero estupendo igualmente, pero no os digo nada si lo que se te ha olvidado es el sobrengrasado, ese ya es otro cantar...

Hasta aquí las medidas de seguridad que deberéis poner de vuestra parte. Ahora las que podéis comprar en cualquier droguería ;).

        - GAFAS, por si al mezclar la sosa con el agua o al batir el jabón tuviésemos la mala suerte de que nos salpicara a los ojos.
        - GUANTES, cuando el jabón está recién hecho es irritante con nuestra piel y si además tenéis alguna heridita en las manos..., escuece un montón. Para que no acabemos con las manos hechas una pena, mucho mejor ponerse unos guantes de goma o de latex.
        - DELANTAL, o ropa vieja que no importe que se manche.
        - MASCARILLA, porque en el momento de disolver la sosa en el agua, se liberan gases tóxicos, por lo que este paso deberemos hacerlo en un lugar bien ventilado. Yo suelo hacerlo en la cocina, bajo la campana extractora a la máxima potencia, eso es suficiente.
        - VINAGRE, si nos cayera algo de sosa en la piel, el vinagre la neutralizaría.

Vamos a trabajar con sosa y a la sosa no hay que tenerle miedo, pero sí respeto. Simplemente con un poco de sentido común evitaremos tener disgustos.



PRINCIPALES TÉRMINOS

        - SAPONIFICACIÓN, es el proceso químico por el cual una grasa, al unirse con la sosa disuelta en agua, se convierte en jabón. En este proceso se obtiene otro producto, la glicerina. Por lo que, ya sabéis, todos los jabones artesanos contienen glicerina.
        - LEJÍA, ese nombre se usa para denominar la mezcla de agua y sosa. No tiene nada que ver con la lejía que se utiliza para limpiar.
        - TRAZA, es el punto en el que el jabón presenta la consistencia suficiente como para que, si trazamos en él un círculo con la batidora, se quede ligeramente marcado. Vendría a ser similar al punto de unas natillas espesitas. El problema es que, con esa densidad, nos resultaría imposible realizar decoraciones en nuestros jabones. Por esta razón, lo normal es que no dejemos que el jabón alcance la traza para que, al estar un poco menos espeso, podamos trabajar con él. Y ese punto es muy puñetero, ni mucho ni poco, ni una cosa ni la otra...
        - SOBREENGRASADO (SE), cuando elaboramos un jabón cosmético, lo normal es que busquemos que sea suave con nuestra piel, que no reseque. Si al formular la receta utilizamos la cantidad de sosa necesaria para saponificar toda la grasa, el resultado será una pastilla de jabón demasiado limpiadora. Nos interesa que parte de los aceites que empleamos queden sin saponificar para que luego nos hidraten al lavarnos. Esa parte de aceite de más que añadimos a la composición es el sobreengrasado. Ese exceso de aceite también nos garantizará que no quede nada de sosa libre en el resultado final. Por norma general, solemos reservar para el sobreengrasado aquellos aceites de mayor calidad, con mayores cualidades para el cuidado de la piel. Añadiremos el sobreengrasado al final del proceso, cuando hayamos alcanzado la traza, para asegurarnos en lo posible que sean los que no saponifiquen.
Esto cuando hablamos de jabón cosmético porque, en el caso del jabón de fregar, sería al contrario. En el conocido como el jabón de la abuela se utiliza un sobreengrasado negativo, es decir, se añade más sosa de la necesaria para garantizar que no queda aceite sin saponificar. El sobreengrasado se expresa en tantos por ciento, por ejemplo, lo normal es que una pastilla de jabón para uso personal tenga alrededor de un 8% de sobreengrasado y, sin embargo, el jabón de fregar puede llegar a tener hasta un -25% de sobreengrasado.
        - GELIFICACIÓN, esta se produce si durante el proceso de saponificación, el jabón alcanza la temperatura suficiente, entonces adquiere aspecto traslúcido y consistencia de gel que perderá según se vaya enfriando. En principio, el que el jabón gelifique o no, no influye en el resultado final, es decir, el jabón es igual de bueno con gelificación que sin ella. En realidad el problema, un problema meramente estético, sería que la gelificación quedara a medias porque las pastillas presentarían una zona central de aspecto diferente. Es una pena que no tenga ninguna foto para enseñaros cómo es este efecto. Por eso, la mayor parte de los jaboneros "abrigan" sus jabones nada más echarlos al molde, envolviéndolos en film transparente y tapándolos con una manta, para ayudarles a conseguir la temperatura necesaria. Vamos hombre, ¿se mima o no se mima al jabón?
        - CURACIÓN, periodo de entre cuatro y seis semanas que tarda el jabón en ser jabón ;). Es el tiempo que tendremos que esperar para poder usar nuestras pastillas. Lo sé..., una gaita.

Y esto es todo por hoy. Sé lo dura que resulta siempre la teoría, pero es que, si queremos lanzarnos a jabonear, es imprescindible tener claras ciertas cuestiones. Así que, a quien haya conseguido terminar de leer esta entrada, mis felicitaciones y mi agradecimiento. Prometo que la próxima será más ligerita :P.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Jabón de avena y miel, un jabón para comérselo

Son muchos los ingredientes que podemos incluir en una receta de jabón y muchos de ellos comestibles. Con razón luego tienen esa pinta recién hechos que, la verdad, uno duda entre abrigarlos para que gelifiquen o dar buena cuenta de ellos a cucharadas (¡eh, eh!, que nadie se tome esto al pie de la letra, por favor, que no quiero ser responsable de ningún lavado de estómago a base de sosa... o de un lavado de estómago por un atracón de sosa ;P). Bromas aparte, como he dicho, entre las cosas ricas que admiten nuestros jabones están ingredientes como el cacao en polvo, el café, algunas frutas y algunas verduras, la cerveza o el vino, la avena, la miel... Esta es una de las razones por las que la realización de jabón es tan creativa, porque son tantas las opciones posibles... Y eso partiendo de una base tan sencilla como agua, sosa y grasa. Base a la que se pueden sumar infinidad de componentes. Puedes escoger entre montones de aceites, de colores y de aromas y, por si eso fuera poco, además admite un montón de aditivos que van a aportar a tu jabón estupendas cualidades.




No suelo complicarme mucho la vida a la hora de hacer jabón, pero es que, en cuanto metes varios colores o algún aceite esencial o fragancia de esos que aceleran la traza, es fácil que suceda algún imprevisto o que, sin suceder ningún imprevisto, los nervios te jueguen alguna mala pasada. Así que, de vez en cuando, es una gozada hacer uno de esos jabones sencillos, sin colores e incluso sin aroma, menos vistosos sí, pero igual de ricos o más. Me gusta hacerlos porque es entonces cuando disfruto realmente del proceso, de la verdadera magia del jabón. Y el resultado me encanta, igual que la sencillez de la receta te permite centrarte sin distracciones en su elaboración, la sencillez del jabón resultante también te permite centrarte en sus auténticas cualidades, sin colores, aromas o diseños que te aparten de lo realmente importante que es que tienes entre manos un jabón artesano natural estupendo y totalmente respetuoso con tu piel.



Uno de esos jabones sencillos, pero de resultado fabuloso, es el jabón de avena y miel, si es que ya solamente el nombre es una pura promesa de cremosidad. En ocasiones, antes de ponerme con una receta, sobre todo cuando se trata de estos jabones que pueden considerarse clásicos, me gusta curiosear un poco por la red a ver qué me encuentro. Así llegué al blog de Mimoko, natural mola más, y encontré una estupenda receta de jabón de miel. Pero no suelo copiar recetas sin más, siempre me gusta darles una vuelta para adaptarlas a mis propios gustos, y así fue como finalmente la receta de jabón de miel de Mimoko se convirtió en mi receta de jabón de avena y miel y quedó así:

   - Aceite de oliva, 756 gr.
   - Aceite de coco, 252 gr.
   - Manteca de cacao, 117 gr.                    
   - Manteca de karité, 117 gr.                    
   - Cera de abeja, 18 gr
      - Sosa, 161 gr.
      - Agua, 414 gr.
   - Dos cucharadas soperas de miel y dos de copos de avena

   - Sobreengrasado, 11%
   - Concentración, 28%



Para incorporar la miel y la avena al jabón, separo un poco de agua de la receta, la templo y disuelvo en ella la miel y añado la avena para que se reblandezca. Esta mezcla la añado al final en la traza y bato bien.

Como esta receta es para una cantidad muy grande de jabón, 1800 gr., si alguien quisiese utilizarla para hacer menos, solamente necesitaría dividir las cantidades o, para más seguridad, pasarla por la calculadora de saponificación y reescalarla a la medida deseada.

martes, 24 de febrero de 2015

Mis primeros pasos

Cuando uno se inicia en el mundo del jabón, los primeros pasos se caracterizan por un estado de duda constante, pero también por un estado de excitación constante. Todavía me pasa, por supuesto, pero al principio era casi agotador, agotador y emocionante. No puedes quitarte el tema de la cabeza, el tiempo que tienes lo dedicas a leer sobre jabón, a visitar blogs, a recabar cantidades ingentes de información, a pensar en colores, aromas, aditivos, moldes... Moldes, ¡ay, los dichosos moldes! Y es que en ese momento todo te vale, lo mismo un vaso de yogurt, que de flan; lo mismo una tarrina de mantequilla, que el bote ese de las patatas... 

Sobre ese estado, cuasi alucinado, hay una entrada muy divertida en el estupendo blog de la maestra jabonera Maribel, titulada Uno de los nuestros, yo no sería capaz de contarlo mejor y con más gracia. Es bueno leerlo cuando estás en esa situación porque te sientes identificado y un poco menos bicho raro... Sientes nervios, emoción, ansia, ansia viva, porque has leído sobre un montón de jabones distintos y tú los quieres hacer TODOS... 




En fin, por suerte, esto es pasajero, no desaparece, pero se mitiga y evoluciona (...la verdad es que se sufren recaídas, pero eso no viene ahora al caso ;P). Si al principio cualquier molde te venía bien, luego no, ni mucho menos. Porque un vaso de yogurt está bien como molde de esos primeros jabones, por lo general, más básicos, menos elaborados, pero luego quieres decorar tus jabones y quieres pastillas de las de verdad, rectangulares, de esas de toda la vida (bueno, eso es lo que yo quería...). Si al principio no le das demasiada importancia al olor de tus jabones, luego se convierte en algo fundamental porque, no nos engañemos, ¿qué hace una persona en cuanto coge una pastilla de jabón? Pues llevársela a la nariz, claro. Quieres tus jabones guapos por dentro y guapos por fuera. Y luego los quieres también bien presentados, bien vestidos..., uf, esto es el cuento de nunca acabar. 

Pero no hay que olvidar que lo realmente importante está dentro de un jabón y que, incluso aquellos que no nos salen exactamente como esperábamos, si los hemos formulado bien y les hemos puesto cosas ricas, serán todo un regalo para nuestra piel. Me encanta la reacción de las personas que prueban estos jabones por primera vez y es que, una vez superada la absurda antipatía que la mayor parte de la gente siente por las pastillas, nadie quiere volver a oír hablar de gel.




Y si de primeros pasos trata la entrada, creo que el primero, primerísimo de todos es la recopilación de información. Hay que leer, leer y leer... y, depués, leer. Porque hacer jabón puede ser muy sencillo, pero eso no quita para que, antes de ponernos a la faena, estudiemos un poco sobre el asunto en el que nos vamos a iniciar. Que queremos algo fácil y rápido, nos apuntamos a un taller; que preferimos una opción más trabajosa, pero más económica, nos ponemos manos a la obra y nos empollamos el temario vía internet. 

Una buena manera de empezar es visitando la página de mendrulandia, fuente inagotable de información que, además de contar con apartados en los que se explican los principales conceptos jaboniles, medidas de seguridad, procesos de elaboración, etcétera, etcétera, tiene un foro estupendo en el que gente muy experimentada y generosa contesta tus dudas con infinita paciencia. Eso por no hablar de su maravillosa calculadora de saponificación, herramienta imprescindible a la hora de formular las recetas de nuestros jabones. Vamos que, hablando de mendrulandia, el eslogan bien podría ser "te hace la vida más fácil" :).

lunes, 16 de febrero de 2015

Todo comenzó...

Cuando decidí aprender a hacer jabón de fregar, no podía imaginar que me iba a encontrar con este maravilloso y apasionante mundo. Había tenido ocasión de probar las estupendas virtudes del jabón casero gracias a la generosidad de alguna amiga. Esos jabones feos y no muy bien olientes desengrasaban mejor que el mejor de los detergentes comerciales y eran el mejor remedio para las persistentes manchas de la ropa. 


Yo quería aprender a hacer ese jabón, por lo dicho y porque me parecía la mejor manera de reciclar el aceite usado, pero no tenía quién me enseñara. Intenté buscar por internet, pero me perdía en páginas y páginas de información que, en ese momento, me sonaba a chino. También es verdad que, por desconocimiento o por mala suerte, no di con las páginas adecuadas, que haberlas haylas, muchas y muy buenas... 

Por casualidad, encontré un taller de jabones y cremas caseros y, ¡qué suerte!, me pillaba a una horita en coche de mi casa. Lo gracioso es que me sobraba el noventa por ciento del temario y es que eso de que se pudiera hacer jabón cosmético y cremas en casa no me entraba en la cabeza. Todavía recuerdo la sensación de asombro al comprobar lo sencillo que era todo, unos pocos ingredientes, algo de material, un poquito de cuidado y a trabajar.


Nunca he sido especialmente habilidosa para los trabajos manuales, pero en el jabón he encontrado una actividad al alcance de mis posibilidades en la que puedo dar rienda suelta a mi imaginación sin demasiadas dificultades y con resultados satisfactorios. Porque el jabón es todo lo sencillo y todo lo complicado que lo quieras hacer, ese es uno de sus principales atractivos.

Tengo que decir que todo esto seguramente no habría sido posible sin el apoyo de mi amiga Gema, que se embarcó en esta aventura conmigo apuntándose a ese primer curso. Quizás el paso más complicado es el primero, cuando tienes que pasar de la teoría a la práctica, cuando hay que decidirse a hacer el primer pedido de material, cuando andas tan perdida que, si no hubiese sido porque tomamos la decisión entre las dos, lo más probable es que todo se hubiera quedado ahí y no habría llegado a materializarse.

Por último, quiero hacer un aviso para navegantes, por si algún incauto ha llegado hasta aquí, cosa que me extraña, y se siente tentado por lo que estoy contando. Hacer jabón cosmético artesano es una actividad altamente adictiva, si empezáis y luego no podéis parar, no digáis que no os lo advertí ;)